[Cuento]Los que tiran del carro

Una de nuestras diversiones de adolescentes era lanzarnos cuesta abajo por las calles de nuestro barrio con los carritos de los supermercados.

Aquel día de verano, como algunos otros, conseguimos el carro utilizando la táctica de la cadena humana. carriult

Esperábamos a que una señora,  normalmente la de más edad, trasladara la compra del carro de hierro al carro de tela para, en una rápida y precisa operación del primer miembro la cadena, y justo en el momento en que la señora cogía el  último producto del carro de hierro, (nunca antes) y lo suficientemente rápido como para que la señora al girarse a devolver su carro no lo encontrara, lo empujara hacia el segundo miembro se la cadena, y éste al tercero y así hasta sacarlo a la calle.  .

Aquí empezaba la huida con el carro. Dos empujaban mientras los otros dos se montaban dentro y corríamos como diablos. A la velocidad que solo se puede correr con la adrenalina que da ver al encargado del Caprabo persiguiéndote. Siempre había alguien que aprovechaba la confusión para hacer un sinpa, un reponedor que te guiñaba un ojo… Dónde ellos veían gamberradas nosotros veíamos aventuras.

Aquel día, el encargado estaba rápido. Tuvimos que correr todo lo que podíamos.
Al llegar a la carretera, nosotros no vimos el coche y a él no le dio tiempo de frenar. El coche golpeó de “rasqui” el carro. Lo suficiente como para hacer volar a los ocupantes, y convertir su parte delantera en un puñado de varillas afiladas.
El carro giró sobre si mismo, y pese a saltar hacía atrás mientras extendía los brazos, noté el escalofrío de una varilla atravesando mi muñeca. Tiré de la mano y al salir la varilla, un potente chorro de sangre empezó a teñir el asfalto. Me quité la camiseta. Había visto eso de los torniquetes en las pelis.
Me incorporé. Mis amigos me gritaban “corre, corre” mientras señalaban detrás de mi. Me giré. El encargado seguía corriendo. Instintivamente cogí el carro, que tenía las ruedas intactas y corrí lo más que pude. Conseguimos burlar al encargado. Mis amigos se acercaron. Me veían pálido. Escondimos el carro y me acompañaron al centro de salud.

En cuanto entré y me vieron la herida, las enfermeras se centraron en mi. Una de ellas corrió a por gasas y volvió para presionar con ellas la herida. Por su expresión entendí que no tenía buena pinta. Me tumbó en una camilla. Otras dos enfermeras entraron. Me pusieron una sábana a modo de mampara para impedir que viera lo que hacían con mi herida. No sentía dolor, sólo incertidumbre.
La sábana no era la más nueva. Tenía algunos agujeros y por uno de ellos podía ver como la enfermera me curaba. La incertidumbre dejó paso a una sensación de paz, de calma. La enfermera cosía la herida como lo harían los sastres de Palacio. Puntadas de cariño con la delicadeza del dibujante que sopla la carbonilla. A mis 16 años pocas veces me habían dedicado tanta atención. Deseo de herida eterna. Supongo que es la primera vez que me enamoré. La enfermera acabó de coserme y bajó la sábana con la misma delicadeza.

“Has tenido suerte, has salvado los tendones. Ahora te pondremos la vacuna del tétanos y podrás irte a casa”, me dijo mientras me programaba una siguiente visita para cinco días después.
Mi primera cita.

En casa la gamberrada fue secundaria, lo importante era que me curara.

Las primeras gotas de lluvia me devolvieron al presente. Si no aceleraba me mojaría antes de llegar al puente donde esperaría a que pasara la tormenta. Era tarde y tenía que estar a primera hora en el chatarrero. Agaché la cabeza para protegerme de la lluvia y vi el pañuelo de mi muñeca empapado en sangre. Me había cortado con la lavadora que llevaba en el carro.carrito-con-chatarra-por-eixample-2012-1382468384493-pequena

Algo me decía que la historia no acabaría igual. Quien me persigue ahora no es un encargado del Caprabo.

Estoy muy lejos de mi país. Treinta años lejos. Ya no soy un niño. La chatarra ocupa el lugar de mis amigos. Estoy solo y no quiero ir al centro de salud por miedo a que me devuelvan a mi país. No puedo volver sin un futuro para mi familia.
No lo soportaría.

Algo me decía que la historia no acabaría igual.

Necesito ayuda.carrito-abandonado_ampliacion

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